Rafa Barreto

Hace un par de quincenas, escribí un post y en mis redes sociales puse la palabra comparte. He de decir que era un experimento social, el cual arrojó datos que nunca me los hubiera imaginado.

El significado de la palabra era sobre lo que estaba escrito en el blog, no el hecho de compartir en sí. Hubo gente que lo compartió, lo cual agradecí mucho, aunque el post no era de mis favoritos con ese “malentendido” llegó a tener un alcance de 565 personas sólo a través de Facebook.

Hay que ver cómo es esto de los malos entendidos. Y de no entenderse.

Todo esto tiene que ver con el procesamiento de la información y la comunicación, donde éste último sufre transformaciones. Ya hablé de Jesús y cuando caminó sobre las aguas.

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Hace poco fui de visita al palacio de la bolsa de Madrid, fui por una ruta guiada por la bolsa y me explicaron, en exclusiva, cómo se hacía antiguamente para comprar, vender, 1000 o 2000 acciones. Me llamó especialmente la atención un fresco en el techo a modo de capilla Sixtina donde se representaba la conexión entre los cinco continentes a través del telégrafo, me asombró que aún hoy alguno de ellos se sigue utilizando.

La palabra “coger” en Sudamérica significa una cosa totalmente diferente que al castellano que nosotros conocemos, por lo visto esto era cuando los españoles colonizaron aquellos lares, cuando hacían prisionera a alguna mujer decían: “cógela, cógela” y de ahí el mal entendido, o la transformación.

Aquí en Vietnam vuelo con copilotos de Filipinos donde me dicen que la palabra “leche ka” (ka significa tu), es motivo de una pelea a casi muerte. Cuando la leche no es más que un alimento. Puede ser de las transformaciones tipo “mala leche”, o “te doy una leche”.

No salgo de  mi asombro.

Independientemente de la etimología, se puede decir que gracias a esas transformaciones, el castellano es un lenguaje bastante rico en palabras. Es un caso de transformación positiva, es un proceso de aprendizaje y lo adaptamos a nuestras vidas.

Este es el punto que deberíamos alcanzar con cualquier tipo de cambio. Una oruga, se transforma en mariposa, y un águila imperial, necesita transformarse, aprender y adaptar para poder sobrevivir otros 40 años más, de lo contrario morirá.

El cambio no es más que un continuo movimiento de las cosas. El movimiento es un síntoma inequívoco de que estamos vivos.

Por eso yo soy un Transformer.

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